domingo, 15 de diciembre de 2013

Los héroes, la institucionalidad, el desarrollo

Everybody's searching for a hero
People need someone to look up to
I never found anyone who fulfilled my needs
A lonely place to be
And so I learned to depend on me
 
Hero, Whitney Houston  

La influencia de los líderes en la transmisión de una visión a sus seguidores, para que juntos luchen por su logro como meta, ha sido un tema que ha levantado, a través del tiempo, las más diversas curiosidades en todos los ámbitos del conocimiento humano.

Hay líderes de diferentes tipos.   Lo está el aguerrido y belicoso, que lidera un ejército, siendo el primero en llegar, con mayores habilidades en la pelea, la mayor decisión; también lo está el calculador, planificador y estratega que lo transmite a un equipo encargado de poner en ejecución las acciones que permitirán alcanzar el éxito.

¿Quién no ha escuchado de ellos, quizás los vemos a diario?   Pero también forman parte de nuestra cultura misma, de nuestros arquetipos de héroes.   Como lo es aquella apasionante historia griega relatada por el gran Homero.   Aquiles, rey de los Mirmidones, protagonista legendario de la famosa guerra de Troya, a quién se le dio a escoger entre la eterna gloria militar, o la de un largo reinado en paz y prosperidad, escogiendo la primera.   Así, para tristeza de su madre Tetis, unido a la coalición de ejércitos de diferentes reinados, liderados por el poderoso Agamenón, rey de Micenas, atravesó el Egeo, tras la pista de la hermosa Helena de Menelao, rey de Esparta.   Así en diferentes batallas, acomete, traspasa y agrede a sus rivales, derrotando con su acero incluso al gran Héctor, príncipe y gran guerrero troyano, hijo del gran rey Príamo; transformando así en tragedia, lo que fue apasionada aventura de su hermano París al raptar a la hermosa.   Ohhh, tras esa triste muerte ¡en qué esperanza, más allá de la protección de sus infranqueables muros, se apoyaba Príamo, rey de Troya, para protegerse del imbatible Aquiles a quién tanto respetaba y de quién recibió el honor de permitirle celebrar los funerales del desfigurado cuerpo de su amado hijo Héctor!  Pues, sólo en las oraciones.  

No contaban los troyanos con las artimañas del astuto Ulises, rey de Itaca y protagonista de La Odisea; quién ingenió un meticuloso y arriesgado plan, de construir un gran monumento en forma de corcel en tributo a la diosa Atenea.   Los superticiosos troyanos confiados en que los ejércitos griegos se habían dispersado y huído, vencidos por las plagas enviadas por intermediación de los dioses gracias a sus oraciones como se leía en el gran corcel, lo transportaron dentro de sus infranqueables muros, y aunque varias opciones discutieron considerando su destrucción, decidieron dejarlo como trofeo de guerra que dedicarían a Atenea en agradecimiento.   ¡Ay Troya, víctima incauta fuiste de la superstición, la confianza y el orgullo!  Pues el famoso corcel, caballo de Troya, ejecución del talentoso carpintero Epeo, tenía vida en su interior, del que entre otros salió Pirro, hijo de Aquiles, llamado también Neoptólemo, quien valiente, acometió como gran guerrero y entre otras cegó la vida del desesperanzado rey Príamo.

Son historias, transformadas en leyendas, mitos por las habilidades del poeta y cantor, de tan extraordinarios sucesos.  Y qué bien que los recibimos.

Cada nación ha tenido sus héroes, así la historia está adornada de muchos, que en cada época protagonizan sucesos que las hacen evolucionar como sociedad en cuanto a su libertad, conocimientos, soberanía e independencia.   Sin dudas, el hecho mismo de que la historiografía documente cómo en cada época, destacan diferentes protagonistas, y que de sus seguidores surjan nuevos que den continuidad como en una carrera de relevos, reestructurando la visión, dándole nuevo alcance y altura, es manifestación de cómo el liderazgo de los héroes los responsabiliza también de formar a sus sucesores.   Y a pesar de ello, líderes carismáticos, egocéntricos, endiosados, al tratar de cerrar el camino a las nuevas generaciones, lográndolo de forma temporal, surgen nuevos que rompen con el pasado, las tradiciones y la transforman las más de las veces para bien.

Las luchas de los hombres son contagiosas, cuando sus causas son justas, universales, trascendentales, transformadoras.  ¿Quién no quiere seguir a esos líderes transformadores?  ¿Qué patria no está dispuesta a superarse, respaldada como lo es por los héroes en su memoria colectiva?

Héroes reales enriquecen la historia de la humanidad, principalmente cuando la han hecho evolucionar, trascender sus propias miserias, alcanzar sus libertades, emanciparse de las trabas del pasado, de tradiciones que no fueron cuestionadas, de costumbres que subyugan, humillan, doblegan.  Parecen héroes mitológicos, mas no lo son, los Ghandis y Mandelas de nuestros tiempos.   Los Lincoln, los Roosevelt o Churchill liberadores del mundo.   O los Duarte, Juárez, José Martí, Toussaint, Simón Bolivar, entre otros, de nuestras latitudes. Todos transformando nuestro entorno, nuestras esperanzas, nuestros destinos.   Pero sus obras requieren ser continuadas, pues aportaron el primer paso, el primer picazo la construcción de una catedral, monumentos similares a nuestras sociedades, lo cuál no es labor de una persona, ni siquiera de una única generación, es trabajo continuo hasta ver completada la obra, siendo al final memoria viviente, como obeliscos, monolíticos pues encierran en sí el esfuerzo unido de todos los que derramaron su sangre para forjarlos, su fuego ígneo para cristalizarlos, su espíritu para inmortalizarlos.

Nelson Mandela fue el continuador de esta dorada tradición de héroes universales, reales, símbolos vivos que desde su circunstancia, entorno e impotencia luchan con tenacidad, creatividad y los medios a su alcance, por liderar la liberación, contribuyendo a la evolución y destino de sus naciones.  

¡En paz descanse Sr. Mandela!  y que su portentoso ejemplo, nos inspire para la contribuir a transformación evolutiva de nuestro entorno, nuestras instituciones, nuestras naciones.




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